¿Independencia paraguaya?
El festejo
de la independencia viene a ser más una construcción que por su
regularidad se convierte en una práctica social como sucede con estos
grandes eventos en todas partes del mundo. Cuando llegan este tipo de
aniversarios, marca un momento oportuno para hacer algunos análisis,
formular juicios y asumir las autocríticas. En nuestra historia siempre
aparece encubierta por una cierta onda de nacionalismo perjudicial,
porque con fuerza quiere hacernos creer -valiéndose de importantes elementos culturales- de una remota realidad y que hoy está hipotecada más que nunca.
Este
juego no tan decente hace que olvidemos los elementos que dan razón
para celebrar la susodicha independencia en la actualidad. Nos llenamos
la boca de que somos paraguayos, pero hasta ahí. No vamos más de eso. La
independencia dispone desafíos permanentes. Algo que no se ha logrado.
Si antes se decía: “vida o muerte”, hoy se debe insistir con el “despertad Paraguay”. La
gesta es innegable, sin embargo, su rememoración solo ha servido para
una manipulada publicidad que ha llevado a la construcción del hombre
paraguayo en “patriótica por un día”.
Esta
frase última es novelesca, aunque la idea central está como para una
farsa. Esto no significa quitar valor a lo hecho por aquellos grandes “hombres de mayo” de siglos anteriores que tuvieron el gran sueño de liberar al Paraguay de la garra extranjera. Y que lo lograron. La <nueva libertad> es
nuestra competencia. Por eso existe una prioridad innegable de una
nueva reconstrucción de aquel proyecto y revalidar el sentido de la conciencia nacional.
En
fin, no podemos hablar de independencia en sentido estricto, totalmente
libre como se intenta mostrar. Hoy se hablaría no sin tristeza, más
bien, de la multi-dependencia. De hecho, la antigua idea de
independencia, en nuestro caso y el de muchos, sigue siendo una obra
inacabable que permanece vivo en el imaginario social, indestructible.
Esta
es una realidad, que los gobiernos de turno jamás valorarán en sus
pomposos discursos, ni siquiera atisbarán este hecho. Los ciudadanos
defienden esta idea, y son “orgullosamente paraguayos” cada 14 de
mayo. Políticamente, es una estrategia apreciable; culturalmente,
debería provocar un efecto peligroso. No se hace patria, solo portando
escarapelas, ni se honra a la patria exhibiendo banderas, así
definitivamente no se practica sus enaltecidas virtudes. Ay, Paraguay.
Estamos
apegados a ese pasado, y lo hacemos presente cada año. No está mal, en
definitiva. Así la mayoría de los paraguayos aun tiene en su retina la
salsa de los festejos del año pasado, que pareció más un show de
mentiras disfrazadas, o mejor, de mentiras desplegadas, y que tal vez
habíamos ayudado con la puesta en escena y fungimos de actores todos.
Digo así, porque después el orgullo se apaga, y eso, no puede ser.
Ahora,
al cumplir 201 años de aquella gesta, el compromiso sigue siendo el de
antes. Ser paraguayos al menos durante más días; no, de uno solo. Esta
obligación y el desafío seguirá siendo una necesidad impuesta para todos
los paraguayos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario