¿Cómo se vive la semana santa? Miles de manera, porque recordemos que existimos de toda laya en la viña del Señor. En algunos, el ánimo se encuentra claramente alicaído por la quietud del ambiente, incluso se rebaja por momentos. Creo que ya nos hemos acostumbrado a la confusión, al ruido, al barullo incesante. Otros, compartirán con la familia, y estarán exaltados de felicidad en complicidad con alguna copa de vino.
Los que son abiertamente arreligiosos extrañarán dar riendas sueltas a la joda acostumbrada de los glamurosos viernes, o bien, de los viernes de locura. Para ellos, más que nunca la espera del sábado, es una necesidad que asfixia y fastidia. Así el estribillo de que mañana es sábado, sin exteriorizarse enfáticamente, canturrea sin cesar en la mente.
¿Alguien mencionó que hay que reflexionar? Si, en definitiva. Es una petición fantástica. Pero también su practicidad está muy relegada a ciertos sectores, y en otros está totalmente desfasado. No hace falta recordar que nosotros vivimos en un mundo en donde el tiempo tiene los pasos demasiado largos. Así que uno está más apresurado que el otro. Es una corrida sin pausa, en donde pocos son los que saben realmente hacia dónde va. Y para mal nuestro nuestro, el horizonte engulle todo.
Llegó el momento de enjuiciar otros conceptos populares como: ¿La moderación? Exacto. Tal moderación que promulga la semana santa es un mito. El consumismo pisa fuerte, y ese señor es el que manda. Por otro lado, creo que la religión ya no embelesa como en otros tiempos, y ha dejado de ser el opio del pueblo. Si estuviera vivo Marx, tal vez el loco judío-alemán estaría contento.
Aunque no intento discutir sobre religión, porque éste se mueve dentro de un espacio marañoso en donde existen miríadas de agujas que nos pueden hincar, es bueno mencionar algunas inquietantes perspectivas. Lo cierto, es que la religiosidad de las personas ha sufrido una tremenda desconfigurarción y su sentido se vuelve cada vez más confuso.
Las nuevas tecnologías nos dan una muestra, y especialmente las redes sociales, ha dejado en descubierto la confabulación con lo insustancial de nuestra rutinaria mentalidad y, especialmente la desorientación de gran parte de la sociedad paraguaya, del sentir de la religiosidad.
Muchos devotos, algunos verdaderos, otros salpicados por la sola apariencia, combatirán estas opiniones, porque sentirán el aguijoneo a sus susceptibilidades religiosas. Es absolutamente normal que se comulgue y que se difiera con una idea. Lo que intento dejar en claro –desde este punto de vista- que la concepción de nuestras creencias se volvió muy light, aunque sigue apoyado fuertemente por la rutina tradicional religiosa.
He visto la publicación de miles de fotografías de Jesús clavado en la cruz, en la forma más despiadado, chorreando sangre incluso. Esa es la fe de Hollywood. Y, caemos en el juego mediático. El darle clic en “me gusta”, en “compartir” o algún que otro escueto “comentario”, es una forma ostensa pero "muy pereri de evengalizar", e incluso es una forma de "restarnos responsabilidades mayores". Quizás, este errado. Y ésta sea la forma moderna de vivir la semana santa. Todo se hace desde la comodidad del hogar, sentado frente al computador, en una silla giratoria, tomando un jugo de zanahoria. Dedicarnos a reducir en exclusividad a esas cosas este momento tan solemne es simplemente escandaloso.
¡Cuántos detractores tendré! Muchos. Pero me alegra saber que hay gente que asistieron a las iglesias, o los que vivieron realmente esta semana con las reflexiones necesarias del buen creyente, sin tanta publicidad. Entonces, será harina de otro costal, que otros se empecinen a feisbutizar a Jesús, creyendo que el Hijo de Dios, tiene habilitada una cuenta. Ellos pueden estar esperando. Según me dijeron, a Jesús le gusta más una relación directa.
Así hoy se vive la semana santa que por muchísimos motivos, obviados intencionalmente, con el transcurso del tiempo, se convierte en la semana, menos santa.
