Y apareció quien sabe qué día, pero se dice que corría el año 1983. En la actualidad ya poco se sabe del “abuelo”, porque la rigidez del tiempo así lo exige y aparte lo de ayer en materia tecnológica, hoy ya poco importa. Como lo hacen “los buenos policías”, completemos sus registros a medias, su nombre era simplemente Motorola DynaTAC, su padre Martin Cooper. Su número de identidad era 8000X, y se le reconoce por ser el primer teléfono celular de la historia.
Su nacimiento era toda una novedad. Pero no cayó en sentimentalismos, por eso no dijo “papá” ni “mamá” sino creído y con simpleza un “hola”, y sin más palabras ni otros exigidos intentos conquistó al mundo. Así de fácil. Pero en aquel entonces, el sonido de “hola” hacia el lado inimaginable del mundo debió dejar mudo a muchos, pero a la vez debió echar correr un manantial de elogios por la fascinación. Su pariente lejano es el teléfono patentado –no inventado- por Alexander Graham Bell en 1876.
Este gigante aparatejo con el tiempo se volvió elegante. Después que renovó su facha, se vistió de estilos nuevos y marcó una pauta de conducta que nosotros rápidamente plagiaríamos y lo derivado de ese estilo plasmaríamos en nuestras vidas en las sucesivas décadas, incorporándole infinitas frivolidades. No hace mucho, le escuché a mi hermano decir que la vida de antes era más tranquila, más apacible, que tenía las manos más sueltas, y que no vivía tan pendiente del algo, como ahora.
Tal vez sea cierto. Lo evidente es que la vida ha salido de la calleja para tomar la gran autopista y perder hacia un abismo insondable. La comunicación de tú a tú, cuando se produce ya es un milagro. Las personas ya no hablan, son los nuevos BB y los otros nuevos prototipos son los que gruñen, ordenan, avisan, proyectan, y causan estrés y depresión cuando les faltan saldo. Es la época de las controversias, en donde se habla de paz construyendo armas, es la época en el que el patrón se volvió criado de la tecnología, y todo lo privado se transforma en público.
No hace mucho Benjamín Fernández Bogado, en un Congreso de Ciudad del Este dijo que la nueva generación ya no superará a sus padres. Estamos ante eso y creo que no es “buena señal” para nuestro futuro. El teléfono y en síntesis todas las nuevas tecnologías que amparan las frivolidades humanas nos encadenan y en el mayor de los casos, ya se ha firmado un pacto de esclavitud con ello.
La libertad nuevamente se volvió un mito para el hombre. Los jóvenes ya no tienen batería” para leer los libros, con el fundamento que todo está en internet. Claro que ese argumento es difícil de refutar. Sin olvidar su buen uso en muchos casos. La aparición de este instrumento tuvo un efecto tan fatídico que hasta aniquiló la gracia del terere jere.
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